Bilbao se vuelca con la celebración de San Blas

Adiós a los catarros, amigdalitis o cualquier dolor de garganta. Despídete de ellos. Hoy tienes la oportunidad de acabar con todas estas molestias y librarte de ellas todo el año. Así lo cuenta la tradición que apunta a un sencillo remedio, al alcance de todos. Se trata de llevar al cuello durante nueve días un cordón bendecido en San Blas. Transcurrido este período de tiempo hay que quemarlo. Si el proceso se ha llevado a cabo correctamente, el Santo protegerá su garganta los próximos 365 días.
Cordones en la Iglesia de San Nicolás


Qué tiemblen las farmacéuticas y los fabricantes de jarabes antitusivos o pastillas que alivian el molesto picazón. Y es que la eficacia de este inocuo protege-garganta es alta. Al menos, eso parece si se atiende a los cientos de vizcaínos que cada 3 de febrero acuden a la iglesia de San Nicolás para oír misa y hacerse, en uno de los puestos que colorean el Arenal, con uno de estos cordones. Bueno, más de uno.  Cada familia o cuadrilla tiene su portavoz que, año tras año, asume el bienintencionado encargo de proteger la salud de los suyos y compra al por mayor cordones multicolores para repartir esta misma tarde, o al día siguiente a lo más tardar, a diestro y siniestro.  
Cordones de San Blas


No es lo único que se llevan, también hacen acopio de las tradicionales y sabrosas rosquillas de San Blas y los caramelos de malvavisco. Imposible irte a casa sin ellos. Son tan clásicos como la propia cita.
Rosquillas San Blas

"SAN BLAS BENDITO, CÚRAME LA GARGANTA Y EL APETITO"

Curiosa relación la del santo con la cocina, pero es que más allá del sentido religioso de la festividad, San Blas es el Patrón de la Academia Vasca de Gastromía. Otro dato curioso es que esta cita adquiere también en Euskadi un toque más rural. Son varios los municipios vascos que celebran este día con romerías y ferias agrícolas-ganaderas dedicadas al Santo. ¡Feliz San Blas!

Declaración de intenciones

Todo un orgullo, pero también una gran responsabilidad poder hablar de Bilbao de aquí en adelante. De la otra cara de Bilbao, sobre todo. La que vivimos en el día a día, los preciosos rincones escondidos que nunca te cansan. Las vistas serenas…Tenía que hacerlo. Contar que hay mucho más detrás de la foto de postal. Solo hay que saber dónde mirar.

Me explico. He perdido la cuenta de las veces que algún conocido viene a pasar unos días a la Villa y me comenta cuáles han sido las recomendaciones de sus colegas de trabajo, por ejemplo, los lugares imprescindibles, aquellos que no ha de perderse bajo ninguna circunstancia. No tengo que contaros cuáles, ¿no? Los de siempre. Como un mantra. Sin salirse del guión, con muchas lagunas, una lista que podría recitar de memoria, y que, además, si me apuras, muestra un Bilbao monocolor, el de las construcciones imponentes, opulentos edificios donde reina el acero, menospreciando fachadas que nos han acompañado toda la vida y que no deben pecar de modestas porque realmente fascinan. Al menos, a mi me fascinan. 

Fachada edificio Soñar en Olabeaga

Y por eso nace Secretos de Bilbao. Para mostrar la historia, las anécdotas y mis pequeños rincones, que espero que también se conviertan en los tuyos. Es más, me gustaría que compartas conmigo tus escondites, dónde vas cuando quieres pensar o estar solo. Cuál es “tu sitio”. Se trata de mirar diferente, a todos los lados, y descubrir que hay lugares que también merecen una visita, recrearnos con ellos, disfrutarlos.

Esta es, por tanto, mi declaración de intenciones. A partir de ahora comienza mi paseo, en el que espero que me acompañes y, sobre todo, que me propongas recovecos, desvíos y caminos que me hagan extraviarme por las calles, historia, anécdotas y gastronomía de Bilbao. En esto consiste. Una ruta sin mapa ni guía. Perderme para encontrar mi sitio, ¿me acompañas?